{"id":47,"date":"2015-01-15T20:24:21","date_gmt":"2015-01-15T19:24:21","guid":{"rendered":"http:\/\/elarriero.es\/literatura\/?p=47"},"modified":"2021-04-26T00:00:30","modified_gmt":"2021-04-25T23:00:30","slug":"el-guardian-de-los-suenos-1","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/elarriero.es\/literatura\/el-guardian-de-los-suenos-1\/","title":{"rendered":"El guardi\u00e1n de los sue\u00f1os"},"content":{"rendered":"<p>Llevaba vagando de un cubo de basura a otro m\u00e1s de tres lunas, intentando echarme a la boca un mal trozo de pan duro. Las primeras luces del d\u00eda asomaban en el horizonte, un sonido ronco de motor de coche me puso en alerta. Yo dorm\u00eda en el parque, debajo del gran \u00e1rbol que se hab\u00eda convertido en mi casa desde que me abandonaron en aquel pueblo desconocido para m\u00ed. Aquello me parti\u00f3 el coraz\u00f3n. Desde entonces, cada vez que escuchaba el sonido de un motor cre\u00eda que volv\u00edan a recogerme.<br \/>\nEl sonido no me era familiar y cuando las luces dejaron de deslumbrarme, me llev\u00e9 otra desilusi\u00f3n, hab\u00eda perdido la cuenta, agach\u00e9 las orejas y cerr\u00e9 de nuevo los p\u00e1rpados. Al poco, escuch\u00e9 unas pisadas que se iban acercando, abr\u00ed los ojos y comenc\u00e9 a mover el rabo como anta\u00f1o. Una mano c\u00e1lida, reci\u00e9n salida de un guante de lana, me acariciaba el cuello sin temor, al tiempo que una voz limpia dec\u00eda \u2013 Buen chico, buen chico\u2026 \u2013.<br \/>\nMe puse a dos patas, apoy\u00e9 las delanteras en el pecho de aquel desconocido y comenc\u00e9 a darle leng\u00fcetazos en la cara. Era mi mejor manera de devolverle aquella caricia sincera que llevaba tanto tiempo sin recibir.<br \/>\n\u2013 \u00bfC\u00f3mo te llamas, chico?<br \/>\nRocky, le contest\u00e9, aunque mi nuevo amigo desconocido s\u00f3lo escuchaba mis ladridos.<br \/>\n\u2013 \u00bfPero qu\u00e9 haces aqu\u00ed con la helada que est\u00e1 cayendo? \u00bfY t\u00fa amo? \u00bfY t\u00fa casa?<br \/>\n\u2013 Eso mismo me pregunto yo \u2013 y mis ladridos se hicieron m\u00e1s fuertes y seguidos.<br \/>\n\u2013 Schiiiiii\u2026calla hombre, que vas a despertar al vecindario.<br \/>\n\u2013 Pobre animal \u2013 pens\u00f3 Pedro en voz alta.<br \/>\nInmediatamente, dej\u00e9 de ladrar y me qued\u00e9 mirando a sus ojos que estaban como perdidos en la fr\u00eda noche.<br \/>\nTranscurri\u00f3 un tiempo lleno de silencio que se me hizo eterno. Pedro, pensativo, me volvi\u00f3 a acariciar y se march\u00f3 andando, su coche qued\u00f3 aparcado. Yo regres\u00e9 al cobijo del gran \u00e1rbol, al calor de su tronco.<br \/>\nEl d\u00eda transcurri\u00f3 como todos los d\u00edas desde que llevaba en aquel pueblo, de aqu\u00ed para all\u00e1 buscando comida. Calle arriba, calle abajo. Escapando de alg\u00fan que otro escobazo en la puerta de las casas a las que me hab\u00eda acercado demasiado por sus embriagadores aromas de mediod\u00eda.<br \/>\nPedro lleg\u00f3 al amanecer y volvi\u00f3 de noche.<br \/>\n\u2013 Como siga all\u00ed me lo llevo a casa \u2013 rumiaba Pedro mientras se acercaba al coche.<br \/>\nY all\u00ed estaba, en mi tronco desde hac\u00eda m\u00e1s de tres lunas.<br \/>\nPedro me lanz\u00f3 un silbido, yo acud\u00ed a su llamada raudo, y me abri\u00f3 la puerta trasera del todo terreno. No ten\u00eda nada que perder, di un salto y el motor se puso en marcha.<br \/>\nMe pas\u00e9 todo el trayecto con el hocico pegado al cristal de la ventanilla, intentando reconocer el paisaje a trav\u00e9s de la neblina de mi propio vaho al respirar.<br \/>\nNunca imagin\u00e9 lo que iba a descubrir en casa de Pedro. Al abrirse la puerta de aquella casa, dos mujeres salieron a nuestro encuentro.<br \/>\n\u2013 Mira lo que traigo \u2013 anunci\u00f3 Pedro con incertidumbre.<br \/>\nMarta me mir\u00f3 con cara de asombro y compasi\u00f3n a la vez. Yo le devolv\u00ed unos ojos tristes. Marta esboz\u00f3 una sonrisa y se acarici\u00f3 la barriga, luc\u00eda un embarazo avanzado y espl\u00e9ndido.<br \/>\nNo sab\u00eda bien como actuar, y fue ella la que, con su pelo dorado y su mirada tierna, me invit\u00f3 a pasar, a jugar, a iniciar una nueva vida. En cuanto me vio aparecer por la puerta, Yoga, una bonita Labrador Retriever, inici\u00f3 un agitado movimiento de rabo y una loca carrera por todo el jard\u00edn. Tras un par de vueltas por ese fren\u00e9tico recorrido, se acerc\u00f3 a m\u00ed. Su hocico negro casi roz\u00f3 el m\u00edo. Hizo adem\u00e1n de seguir con su carrera, pero al ver que no la acompa\u00f1aba, se volvi\u00f3 y me mir\u00f3 con unos ojos llenos de ternura, como dici\u00e9ndome ven, no tengas miedo, aqu\u00ed est\u00e1s a salvo, corre junto a m\u00ed.<br \/>\nY all\u00ed est\u00e1bamos los dos, corriendo como locos, Yoga delante, yo detr\u00e1s, sigui\u00e9ndola como pod\u00eda, saltando, esquivando cuantos obst\u00e1culos aparec\u00edan mientras recorr\u00edamos el jard\u00edn una y otra vez.<br \/>\nPedro y Marta sonre\u00edan como espectadores de la improvisada carrera.<br \/>\n\u2013 Parece que hacen buenas migas\u2013 dijo Pedro sin perder detalle de nuestra marcha.<br \/>\n\u2013 Ya lo creo, ya \u2013 contest\u00f3 Marta, mir\u00e1ndolo con cierto reproche socarr\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\n***<\/p>\n<p>Esta noche hace el mismo fr\u00edo, tal vez m\u00e1s, que la noche en que Pedro me recogi\u00f3 de la calle. El cielo est\u00e1 lleno de estrellas que no paran de brillar. Abajo, las luces de la ciudad dormida. Estoy hecho un ovillo encima de esta piedra negra, la cola sobre el hocico para no perder calor, que mantengo sin problema gracias a mi abundante pelo de Husky. La nieve, dura y blanca, nos rodea. A unos pocos metros est\u00e1 Pedro, durmiendo con sus compa\u00f1eros de monta\u00f1a en las tiendas naranjas.<br \/>\nLlegamos una hora antes del atardecer. Los monta\u00f1eros pertrechados con grandes mochilas cargadas con todo el equipo necesario para pernoctar y realizar, al d\u00eda siguiente, un recorrido de alpinismo, como ellos dicen. Hemos caminado unas cinco horas hasta llegar a la base de la arista del Cartujo. Son seis en total, seis y yo, claro. Seis humanos y un perro que descansan despu\u00e9s de la marcha; despu\u00e9s de montar las tiendas; despu\u00e9s de preparar el material para ma\u00f1ana; despu\u00e9s de la suculenta merienda-cena; despu\u00e9s de disfrutar de un atardecer m\u00e1gico. Bueno, descansan ellos, porque yo estoy a duermevela, con un ojo abierto y el otro cerrado, o\u00eddo y olfato avizor, por si se acerca alg\u00fan astuto zorro en busca de comida. Ya les he dado un buen susto a dos de ellos, nos hemos pegado sendas carreras a trav\u00e9s de la nieve en direcci\u00f3n a un collado que es su escape natural en esta zona de la Sierra. Es divertido correr zorros, y as\u00ed entro en calor en esta noche g\u00e9lida de febrero. Si mi experiencia no me falla, ya no volver\u00e1n a aparecer. Se habr\u00e1 corrido la voz entre los zorros de que Moro anda por aqu\u00ed, somos viejos conocidos. Moro, me llamo Moro\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\n***<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 pretend\u00eda aquel se\u00f1or de bata blanca subi\u00e9ndome a aquella mesa de acero inoxidable?<br \/>\nDe no haberme acompa\u00f1ado Yoga, Pedro y Marta, hubiera estado mucho m\u00e1s nervioso y preocupado de lo que me encontraba. Yoga me mir\u00f3 y lanz\u00f3 un par de ladridos \u2013 No pasa nada, es Jorge, el veterinario de la familia, algo peculiar pero buena gente \u2013 Las palabras de Yoga terminaron por tranquilizarme.<br \/>\nJorge me toc\u00f3 por todas partes, inspeccion\u00f3 mis o\u00eddos, mi boca, mis ojos, mi dentadura. Termin\u00f3 con un extra\u00f1o aparato alargado y blanco en su mano derecha que pas\u00f3 cerca de mi cabeza y cuello.<br \/>\n\u2013 Lo que esperaba, este perro no tiene microchip, est\u00e1 abandonado \u2013 espet\u00f3 Jorge, mirando a Pedro y Marta que a su vez hac\u00edan lo mismo entre ellos.<br \/>\n\u2013 Y tan abandonado \u2013 ladr\u00e9 yo, mientras los miraba a los tres con la boca abierta, la lengua fuera y la respiraci\u00f3n algo acelerada por la emoci\u00f3n del momento.<br \/>\n\u2013 No debe pasar del a\u00f1o, podr\u00eda decirse que es cachorro todav\u00eda, aunque le queda poco para dejar de serlo.<br \/>\n\u2013 \u00bfCachorro, Jorge? \u2013 pregunt\u00f3 Marta sorprendida.<br \/>\n\u2013 Ya, ya s\u00e9 que por su tama\u00f1o nadie dir\u00eda que es un cachorro, pero sus dientes y su cuerpo lo delatan \u2013 contest\u00f3 el veterinario, al tiempo que me sub\u00eda el labio superior y mostraba a Marta mis espl\u00e9ndidos colmillos blancos.<br \/>\n\u2013 Parece un Husky, \u00bfverdad?<br \/>\n\u2013 Husky y tal vez mezcla con Mast\u00edn, Pedro.<br \/>\n\u2013 \u00bfY esa mancha blanca que tiene en el ojo izquierdo? Es como una nube \u2013 proclam\u00f3 Marta se\u00f1al\u00e1ndome el ojo.<br \/>\n\u2013 \u00a1Ah, eso\u2026! no es nada, una despigmentaci\u00f3n natural.<br \/>\nJorge se dirigi\u00f3 a su mesa. Pedro y Marta se sentaron al otro lado. Y yo me qued\u00e9 all\u00ed arriba, de pie sobre el fr\u00edo acero inoxidable.<br \/>\n\u2013 Entonces, \u00bfqu\u00e9 vais a hacer, os lo qued\u00e1is o lo enviamos a la protectora de animales?<br \/>\nPedro y Marta se miraron. Jorge, el veterinario, me mir\u00f3. Yoga y yo cruzamos una mirada c\u00f3mplice y nerviosa. Hubo un silencio que se me hizo infinito.<br \/>\n\u2013 Marta, t\u00fa tienes decides \u2013 apunt\u00f3 Pedro con un tono solemne que acrecent\u00f3 la tensi\u00f3n.<\/p>\n<p>Marta se gir\u00f3 en busca de mis ojos y perdi\u00f3 los suyos a trav\u00e9s de la mancha blanca.<br \/>\n\u2013 Qu\u00e9 le vamos a hacer \u2013 respondi\u00f3, intentando aparentar una resignaci\u00f3n que su alegr\u00eda desenmascar\u00f3 al instante.<br \/>\nJorge, con presteza, comenz\u00f3 a teclear datos en el ordenador y rellen\u00f3 a mano mi cartilla identificativa.<br \/>\n\u2013 \u00bfHab\u00e9is pensado en el nombre?<br \/>\nTras un breve silencio, interrumpido por mis ladridos, que Yoga acall\u00f3 con los suyos diciendo que por mucho que me esforzara no iban a entender que yo ya ten\u00eda un nombre, Pedro manifest\u00f3 \u2013 Moro, se llamar\u00e1 Moro.<br \/>\nDe vuelta en el todo terreno, desconcertado con mi nuevo nombre, mi chip en el cuello, una flamante cartilla, tarjeta identificativa y algo dolorido y aturdido por alguna que otra vacuna, Marta pregunt\u00f3 a Pedro con extra\u00f1eza \u2013 \u00bfMoro?<br \/>\n\u2013 Moro, s\u00ed Marta, Moro, porque entre su \u00e1rbol y nuestra casa s\u00f3lo nos separaba el Puerto del Suspiro del Moro.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\n***<\/p>\n<p>Comienzan a despuntar las primeras luces del d\u00eda. Pronto Pedro y sus compa\u00f1eros se despertar\u00e1n. Yo hace un rato que llevo rastreando la zona en busca de olores nuevos y marcando mi territorio hasta que volvamos a la ciudad. El fr\u00edo ahora muerde con m\u00e1s \u00edmpetu. Mis pisadas crujen sobre la nieve, me dirijo a la piedra donde he pasado la noche vigilante, todav\u00eda conserva algo de calor, y me siento sobre ella con las patas delanteras juntas y extendidas. Instintivamente, mi mirada se dirige al Pico del Veleta, el sol saldr\u00e1 por all\u00ed, por eso que Pedro llama el Este y que yo conozco, como otras tantas cosas, gracias al legado de mi hermano el lobo. Sierra Nevada se despierta un d\u00eda m\u00e1s, el viento del amanecer acaricia mi pelo, y me dejo llevar por las luces del alba y mis recuerdos\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\n***<\/p>\n<p>Las primeras semanas en casa de Marta y Pedro fueron algo complicadas, sobre todo para m\u00ed, imagino que tambi\u00e9n para ellos.<br \/>\nTuve que aprender que una escoba no serv\u00eda s\u00f3lo para estrellarse en mi lomo, y que deb\u00eda superar el p\u00e1nico porque mis nuevos due\u00f1os no me iban a hacer da\u00f1o con ella\u2026<br \/>\n\u2013 Marta ven, mira lo que ha pasado. Acabo de coger la escoba y Moro se ha tirado al suelo y se lo ha hecho encima.<br \/>\n\u2013 Pobrecillo, parece que le han pegado m\u00e1s de una vez.<br \/>\nEse d\u00eda Marta me limpi\u00f3 y me acarici\u00f3 el cuello con ternura, nunca podr\u00e9 agradec\u00e9rselo lo suficiente.<\/p>\n<p>Tuve que aprender que ya no era necesario robar comida para comer\u2026<br \/>\n\u2013 \u00bfPedro, has visto la tripa de chorizo que acabo de dejar encima de la mesa de la cocina?<br \/>\n\u2013 Yo no, pero preg\u00fantale a Moro, que est\u00e1 all\u00ed al fondo del jard\u00edn, debajo del tilo, royendo no s\u00e9 qu\u00e9 encantado de la vida.<br \/>\nTuve que aprender que una puerta abierta no era una v\u00eda desesperada de escape, que aquella puerta era la entrada a mi nueva casa y no la salida obligada a la calle.<br \/>\nEn esos d\u00edas de incertidumbres, Yoga siempre estuvo a mi lado, gui\u00e1ndome, ayudando, cont\u00e1ndome historias. En cierta ocasi\u00f3n, se acerc\u00f3 cuando estaba tumbado pl\u00e1cidamente, con el est\u00f3mago lleno, tomando el sol sobre el c\u00e9sped \u2013 c\u00f3mo hab\u00eda cambiado mi vida \u2013&nbsp; y me susurr\u00f3 al o\u00eddo.<br \/>\n\u2013 Moro, ven, s\u00edgueme, te voy a ense\u00f1ar algo que todav\u00eda no conoces.<br \/>\nComenzamos a subir la escalera de caracol que se encontraba en el jard\u00edn al lado de la puerta de la cocina. Yoga sub\u00eda con agilidad, se notaba que ten\u00eda pr\u00e1ctica, yo, sin embargo, lo hac\u00eda con la torpeza de la primera vez.<br \/>\nAl llegar arriba, Yoga, de un salto, se sent\u00f3 en el banco corrido de pizarra negra.<br \/>\n\u2013 Venga, tontorr\u00f3n, ponte a mi lado \u2013 dijo con algo de burla en sus ladridos.<br \/>\nY de repente, tuve una visi\u00f3n m\u00e1gica, llena de luz. Justo enfrente de nosotros emerg\u00edan unas monta\u00f1as altas, gigantes, blancas, blanqu\u00edsimas.<br \/>\n\u2013 Yoga, \u00bfqu\u00e9 es aquello? \u2013 pregunt\u00e9 nervioso sin parar de mover el rabo.<br \/>\n\u2013 Sierra Nevada, Moro, Sierra Nevada \u2013 me contest\u00f3 satisfecha, porque sab\u00eda perfectamente el efecto que iba a tener en m\u00ed aquel descubrimiento.<br \/>\nQued\u00e9 at\u00f3nito ante semejante espect\u00e1culo y me sent\u00ed atra\u00eddo de inmediato por aquel lugar. Un profundo aullido, que ni yo mismo sab\u00eda que tuviera, sali\u00f3 de mi garganta, de mis entra\u00f1as.<br \/>\nPasamos toda la tarde all\u00ed, en el mirador de Marta y Pedro, que ahora tambi\u00e9n era nuestro. Yoga me cont\u00f3 historias de Sierra Nevada. Historias de Pedro y ella; de monta\u00f1eros, de cabras monteses y zorros; de cascadas, lagunas y acequias; de hielo y nieve y roca. Historias de lunas llenas y atardeceres m\u00e1gicos; de soles rojos y luces naranjas y rosas; de cielos azules, negros y grises; de \u00e1guilas, de p\u00e1jaros y de insectos; de viento y estrellas. Historias blancas que despertaron en mi fuero interno una voz salvaje que nunca antes hab\u00eda escuchado. Era la llamada de la monta\u00f1a blanca, de la nieve y el fr\u00edo. Era la voz at\u00e1vica de mis ancestros los lobos.<br \/>\n\u2013 \u00bfCu\u00e1ndo iremos, Yoga, cu\u00e1ndo? \u2013 le pregunt\u00e9 lleno de ilusi\u00f3n.<br \/>\n\u2013 Pronto, Moro, muy pronto. Pedro siente pasi\u00f3n por esas monta\u00f1as, por todas las monta\u00f1as, y seguro que en breve lo acompa\u00f1aremos en su pr\u00f3xima excursi\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\n***<\/p>\n<p>Recortadas en el horizonte, veo dos cabras mont\u00e9s sobre una loma nevada. Son las mismas, o eso creo, que ayer nos observaban cuando llegamos a la base de la arista. Una es el viejo macho que Pedro conoce bien. M\u00e1s de una vez le he escuchado contar la historia a sus compa\u00f1eros de monta\u00f1a de c\u00f3mo se lo ha ido topando por estos territorios, los del Pico Cartujo. Siempre comienza igual el relato \u2013 Estos son los dominios de un viejo macho mont\u00e9s y sus tierras el se\u00f1or\u00edo del Cartujo\u2026\u2013 para narrar sus encuentros con el macho, fugaces y m\u00e1gicos. La primera vez fue en verano. La base de la arista se convierte en un aut\u00e9ntico caos de bloques cuando la nieve se retira. Pedro iba s\u00f3lo, y se encontraba entretenido sorteando esos gigantes de piedra, cuando rode\u00f3 uno y all\u00ed estaba el macho, solitario tambi\u00e9n. Cruzaron la mirada, la mantuvieron frente a frente, separados un par de metros escasos. Seg\u00fan cuenta Pedro, en ese instante perdi\u00f3 la noci\u00f3n del tiempo y el espacio. El universo se hallaba concentrado en los ojos de un viejo macho mont\u00e9s con unas cuernas \u00fanicas. Luego, el macho continu\u00f3 su camino y \u00e9l el suyo\u2026 Y prosigue con aquella ocasi\u00f3n que, sentado en la orilla del Lagunillo Misterioso, apareci\u00f3 de nuevo el viejo macho mont\u00e9s, tranquilo, digno, luciendo como siempre su magn\u00edfica cornamenta, y bebi\u00f3 de sus cristalinas aguas para luego marcharse por los borreguiles verdes.<br \/>\nPedro acaba de sacar la cabeza por el avance de la tienda de campa\u00f1a naranja, mira arriba, a un lado y a otro para cerciorarse de que el tiempo es bueno y pueden emprender la actividad del d\u00eda, la arista del Cartujo. Termina de descorrer la cremallera de la tienda, con la cara somnolienta se coloca las botas, acartonadas por las bajas temperaturas de la noche, y se aventura a salir fuera del calor de su saco de dormir.<br \/>\n\u2013 Hace un fr\u00edo que pela \u2013 masculla Pedro mientras se pone el gorro de lana en la cabeza.<br \/>\nEl d\u00eda promete una buena jornada de monta\u00f1a. El cielo viste un azul limpio. No hay viento, s\u00f3lo los aires del amanecer, como suele decir Pedro.<br \/>\n\u2013 \u00a1Monta\u00f1eros del mundo, despertaos! \u2013 grita bien alto Pedro con una sonrisa de oreja a oreja, consciente de que va a importunar los dulces sue\u00f1os de sus compa\u00f1eros. \u2013 \u00a1Monta\u00f1eros del mundo, despertaos! \u2013 vuelve a gritar m\u00e1s alto a\u00fan por si todav\u00eda no han captado la indirecta. \u2013 \u00a1Monta\u00f1eros del mundo, des\u2026!<br \/>\n\u2013 \u00a1Vale, vale, vale Pedro, que ya nos hemos enterado! \u2013 surge del interior de una de las tiendas de campa\u00f1a naranja antes de que Pedro termine su frase preferida para despertar a la tropa.<br \/>\n\u2013 Mira que es \u201cpesao\u201d el t\u00edo \u2013 sale de la otra tienda.<br \/>\nPedro, que est\u00e1 terminando de ajustarse la segunda polaina, no puede evitar esbozar una leve sonrisa.<br \/>\nTodav\u00eda no alcanzo a entender como los humanos necesitan tantas cosas para ir a la monta\u00f1a. A lo largo de los a\u00f1os me he ido familiarizando con estos objetos y sus nombres, pero al principio no sal\u00eda de mi asombro. Aunque cada cierto tiempo, aparece alguna novedad que el monta\u00f1ero en cuesti\u00f3n muestra con orgullo para regocijo del resto. La lista ser\u00eda interminable, entre otros elementos, llevan algo parecido a un capullo de gusano de seda donde se meten dentro para dormir. Una especie de cristales de colores que se ponen sobre los ojos cuando el sol aprieta. En sus pies se colocan unos artilugios que me recuerdan las patas de un elefante, y debajo, una suerte de pinchos tan afilados como los dientes del tibur\u00f3n. La primera vez que me pisaron con uno de esos dientes de hierro, un rayo cargado de dolor atraves\u00f3 mi pata y la nieve se ti\u00f1\u00f3 de rojo, y aprend\u00ed que no dejar\u00eda que ocurriera de nuevo. Tambi\u00e9n utilizan un palo en cada mano que van clavando en la tierra o la nieve conforme avanzan por el terreno. Y a veces, usan largu\u00edsimas serpientes de colores, como si fueran lianas de la selva tropical, acompa\u00f1adas por sonidos de cascabeles y cencerros de vacas que llevan colgados de la cintura en unos correajes. Media c\u00e1scara gigante de nuez encima de la cabeza. Algo lechoso y pastoso, con apariencia de savia de hoja de higuera, sobre la cara y la nariz. Y todo esto, y mucho m\u00e1s o menos, dependiendo de la ocasi\u00f3n y la monta\u00f1a, va metido en una variedad de joroba de camello que utilizan para trasportar todo los artilugios cual caracoles modernos.<br \/>\nPedro coloca la cuerda amarilla sobre la mochila y la fija con las cinchas laterales. Comprueba la sujeci\u00f3n de sus crampones. Una vez erguido, se dirige, correa en mano, hacia m\u00ed. Esto me huele a que hoy toca quedarse en el campamento. Me rodea el cuello con la correa. Me mira a los ojos como diciendo \u2013 Moro, hoy no puedes acompa\u00f1arme. No es un lugar adecuado para ti, y sabes que no me gusta ponerte en peligro. Te vas a quedar aqu\u00ed esperando hasta que regrese y te vas a portar bien \u2013 y me conduce hasta Rafa que ser\u00e1 el encargado de custodiarme hasta que vuelvan F\u00e9lix, Pepe y \u00e9l.<br \/>\nLadro con desesperaci\u00f3n, los tres monta\u00f1eros se van perdiendo por un corredor de entrada que da acceso a la arista hasta que desaparecen. En silencio, me tumbo triste por no poder acompa\u00f1ar a Pedro, y con la mirada clavada en el corredor, evoco la primera vez que pis\u00e9 la nieve de Sierra Nevada junto a Yoga y Pedro.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\n***<\/p>\n<p>Yoga y yo dorm\u00edamos dentro de la casa, en el rellano de entrada al pie de las escaleras que dan acceso a la segunda planta. Aquella ma\u00f1ana, Yoga, al o\u00edr las pisadas de Pedro sobre los escalones, se levant\u00f3 con un br\u00edo distinto al resto de las otras ma\u00f1anas. Mov\u00eda el rabo sin parar.<br \/>\n\u2013 Moro, hoy es el d\u00eda, \u00a1nos vamos a la Sierra!<br \/>\n\u2013 \u00bfC\u00f3mo lo sabes? \u2013 le pregunt\u00e9 con extra\u00f1eza.<br \/>\n\u2013 \u00bfNo lo has notado?<br \/>\n\u2013 \u00bfEl qu\u00e9?<br \/>\n\u2013 \u00bfSus pisadas?<br \/>\n\u2013 \u00bfSus pisadas?, como todas las ma\u00f1anas, \u00bfno?<br \/>\n\u2013 Con el tiempo aprender\u00e1s a distinguirlas. Cuando Pedro va a la monta\u00f1a, baja las escaleras con otra alegr\u00eda, con otra energ\u00eda muy distinta a los d\u00edas de acudir al trabajo o a otros menesteres \u2013 me explic\u00f3 Yoga.<\/p>\n<p>Al cabo de media hora, me encontraba en el maletero del todo terreno de Pedro, con Yoga al lado y rodeado de una mochila, unos esqu\u00eds, un par de bastones y unas botas de pl\u00e1stico color verde lima. Luego, pasado un tiempo, abandonamos la carretera para adentrarnos en una pista de tierra. No quer\u00eda perderme ni un detalle de aquella primera excursi\u00f3n, as\u00ed que viaj\u00e9 durante todo el trayecto con el hocico pegado al cristal de la ventanilla trasera, igual que el d\u00eda que Pedro me recogi\u00f3 de la calle.<br \/>\n\u2013 Es el carril de Nig\u00fcelas, vamos al Pico del Caballo \u2013 indic\u00f3 Yoga tumbada en el maletero.<br \/>\n\u2013 No me digas que, aparte de distinguir el tipo de pisadas de Pedro, tambi\u00e9n reconoces los carriles sin verlos.<br \/>\n\u2013 Pronto t\u00fa sabr\u00e1s hacerlo tambi\u00e9n, no es tan dif\u00edcil como te parece ahora. No hay dos pisadas ni dos carriles que suenen igual.<br \/>\nNo s\u00e9 cuantos baches despu\u00e9s, el motor del coche se detuvo, la puerta del maletero se abri\u00f3 y Yoga sali\u00f3 disparada ladrando con energ\u00eda \u2013 S\u00edgueme Moro, ven, corre, \u00a1aprisa! \u2013. Me escap\u00e9 del maletero como pude, arrastrando conmigo la mochila que se me hab\u00eda enredado en una pata, y acud\u00ed a la llamada de Yoga.<br \/>\nTodo a nuestro alrededor era nieve. Todo luc\u00eda un blanco inmaculado. Y Yoga y yo nos dedicamos a dejar nuestras huellas por los alrededores del coche. Salt\u00e1bamos y corr\u00edamos entre mordisco y mordisco de felicidad. Yo no paraba de revolcarme por la nieve para sentir su textura, su frialdad, que para m\u00ed era como una caricia c\u00e1lida y suave. Sab\u00eda a pureza y ol\u00eda a libertad\u2026<br \/>\nSi la visi\u00f3n de Sierra Nevada desde el mirador de la casa me hab\u00eda despertado instintos ocultos, el contacto directo con ella los hab\u00eda acrecentado. Me sent\u00ed un perro nuevo, ind\u00f3mito y salvaje. Un lobo de las nieves en un territorio por explorar. El macho alfa de la manada.<br \/>\nPedro inici\u00f3 la marcha desliz\u00e1ndose con sus esqu\u00eds por la nieve. Yoga lo segu\u00eda tras las huellas paralelas. Y yo, que deber\u00eda haber hecho lo propio, no pude resistirme a la llamada de la monta\u00f1a, y me adelant\u00e9 a mis compa\u00f1eros en una carrera desenfrenada. En pocos minutos los perd\u00ed de vista. Mi \u00fanico af\u00e1n era subir, subir, subir\u2026 En solitario, en aquella inmensidad blanca, rodeado por el silencio majestuoso de las monta\u00f1as que s\u00f3lo romp\u00eda el latir acelerado de mi coraz\u00f3n salvaje, era un perro libre como mis hermanos los lobos. Fuerte y seguro. Vital.<br \/>\nLlegado a un collado, ten\u00eda la respiraci\u00f3n tan agitada y el coraz\u00f3n tan excitado, que fue necesario detenerse. Jadeando como nunca, cansado pero feliz, admir\u00e9 el paisaje. Ten\u00eda la certeza de que hab\u00eda retornado a mis or\u00edgenes. A lo lejos, vislumbr\u00e9 a Yoga y a Pedro que me llamaban. Una con ladridos, el otro chiflando. Sal\u00ed como un galgo en su busca.<br \/>\nToda la subida al Pico del Caballo transcurri\u00f3 como una repetici\u00f3n de la salida: escapadas desenfrenadas y vueltas alegres al grupo. Cuando consegu\u00eda mantenerme en el orden de la fila, Yoga se encargaba de romperlo y sonsacarme con mordiscos y jugueteos varios. A veces, al salir disparado en busca de nuevos descubrimientos, Yoga me acompa\u00f1aba, pero, alcanzado el \u00faltimo contacto visual con Pedro, se deten\u00eda en seco y regresaba por nuestras huellas para estar junto a \u00e9l. Llegaba moviendo la cola, y Pedro la recib\u00eda con una caricia y un golpe suave en el lomo.<br \/>\nSeg\u00fan Pedro, est\u00e1bamos en la cumbre del Pico del Caballo, el tres mil m\u00e1s meridional de Sierra Nevada. Jam\u00e1s olvidar\u00e9 la visi\u00f3n que contempl\u00e9 desde aquella altura. Monta\u00f1as nevadas, valles blancos, un nuevo mundo por explorar. Mi nuevo mundo blanco\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\n***<\/p>\n<p>Contin\u00fao con los ojos clavados en el peque\u00f1o corredor blanco por donde media hora antes han desaparecido Pedro, F\u00e9lix y Pepe. Yoga hace unos meses que ya no nos acompa\u00f1a a la monta\u00f1a, y ahora soy yo quien debe seguir a Pedro a toda costa. Se lo promet\u00ed a Yoga. Animado por ese juramento y aquellos recuerdos primigenios, y aprovechando un despiste de mi guardi\u00e1n Rafa, me escapo. Salgo a toda velocidad del campamento con la correa colgando del cuello. Corono el corredor en menos tiempo del que imaginaba. La nieve se encuentra en buenas condiciones, y sin hielo, mi peor enemigo. Las huellas de los tres monta\u00f1eros se distinguen a la perfecci\u00f3n, ser\u00e1 f\u00e1cil seguirlos. Progreso con cautela porque el terreno as\u00ed lo exige, pero tambi\u00e9n porque no quiero que me descubra Pedro tras haberme fugado, s\u00e9 que se enfadar\u00e1 conmigo, aunque por poco tiempo, como siempre le ocurre despu\u00e9s de alguna de mis trastadas.<br \/>\nLa arista se complica, por fortuna mis almohadillas agarran bien. Sigo avanzando por pasos de roca y nieve, con medias laderas que obligan a emplearse a fondo. Trepo por una loma de nieve empinada que consigo superar con esfuerzo gracias a las huellas de los monta\u00f1eros. Arriba, alcanzo con la vista a Pedro y sus compa\u00f1eros evolucionando a trav\u00e9s de la nieve del Cartujo. Escondido detr\u00e1s de una gran roca que huele a zorro, dejo que los tres monta\u00f1eros prosigan, as\u00ed mantengo la distancia sin ser descubierto. Su visi\u00f3n me anima a seguir en el empe\u00f1o, aunque el instinto me alerta de lo contrario.<br \/>\nMarco la roca con una meada generosa, reanudo la marcha y pego el primer resbal\u00f3n. He apoyado las patas traseras sobre unas piedras poco estables que se precipitan monta\u00f1a abajo. El ruido de su ca\u00edda, amplificado por la de otras piedras arrastradas por las primeras, retumba en mi cabeza y se instala en el coraz\u00f3n, que palpita acelerado. La cosa se pone fea, pero la imagen de Yoga me fuerza a seguir. Una media ladera sombr\u00eda se aparece ante mis temerosas pupilas. Me detengo, con el hocico hacia arriba olisqueo el aire, que huele a silencio negro, y veo el cielo. Ya no es azul, un gris plomizo cae sobro mi lomo. Sin convicci\u00f3n, me voy adentrando en ella, y el miedo se va apoderando de m\u00ed como si de un reba\u00f1o de ovejas acosadas por lobos se tratara. Con pasos inseguros avanzo. La nieve dura se convierte en hielo. Las almohadillas ya no pueden m\u00e1s, mis u\u00f1as se clavan en un intento desesperado para no patinar. En un dudoso equilibrio, me quedo paralizado. Estoy en mitad de ninguna parte a punto de precipitarme por una ladera de hielo transparente como el cristal, y no hay manera de evitarlo. Se me vienen a la cabeza los mismos sentimientos de soledad y abandono del d\u00eda en que mis antiguos due\u00f1os me dejaron en el pueblo desconocido, el del gran \u00e1rbol, pero aqu\u00ed no hay un tronco que me d\u00e9 calor y tengo fr\u00edo.<br \/>\nDesesperado, busco en mi interior un ladrido que no tengo. Ha de salir, como sea. Re\u00fano las pocas fuerzas que el miedo no me ha robado y ladro, ladro como puedo. Y Pedro me oye y, a lo lejos, se gira y me ve.<\/p>\n<p>\u2013 \u00a1F\u00e9lix, Pepe, mirad para atr\u00e1s! \u2013 grita Pedro, que va algo adelantado a sus compa\u00f1eros filmando con su c\u00e1mara la actividad.<br \/>\n\u2013 \u00a1Moro! \u2013 exclaman sorprendidos los dos monta\u00f1eros.<br \/>\n\u2013 Se ha vuelto a escapar, y trae \u00a1el collar colgando! Seguid vosotros y ahora os alcanzo. Voy a sacar a ese salvaje de donde se ha metido, realmente debe estar asustado si se ha parado all\u00ed. Esa ladera cuesta trabajo pasarla con crampones, \u00bfc\u00f3mo habr\u00e1 llegado hasta ese punto? Este Moro no deja de sorprenderme, pero realmente est\u00e1 en peligro\u2026<br \/>\nSigo con fr\u00edo, mucho fr\u00edo. Pedro no puede tardar, lo he visto retroceder, aunque ha desaparecido en uno de los sube y baja de la arista. Casi tumbado, con las orejas gachas y tembloroso, estoy a la espera de que suceda lo inevitable.<br \/>\n\u2013 Tranquilo, no tengas miedo, Moro&nbsp; \u2013 oigo, s\u00fabitamente, detr\u00e1s de m\u00ed.<br \/>\nMe giro, intentando no perder el precario equilibrio, y no doy cr\u00e9dito a lo que mis ojos ven. El viejo macho mont\u00e9s avanza, majestuoso, a mi encuentro.<br \/>\n\u2013 Te llevo siguiendo un buen rato, y me tem\u00eda que algo as\u00ed iba a ocurrir. Este no es sitio para un perro, casi ni para las cabras. Venga, lev\u00e1ntate y sigue mis pasos sin temor, pronto estar\u00e1s a salvo \u2013 me dice mientras me ayuda a incorporarme con uno de sus cuernos metido debajo de mi pecho.<br \/>\nYo, que todav\u00eda no salgo del asombro, le doy las gracias, avergonzado por la situaci\u00f3n que he provocado, y me prometo que no volver\u00e1 a ocurrir otra vez.<br \/>\nDe cerca, el viejo macho mont\u00e9s es a\u00fan m\u00e1s imponente, y su majestuosidad, aparte de la gran cornamenta, se acrecienta con la sabidur\u00eda y hondura que destila su mirada. Inicia con calma la marcha, y me invita con un movimiento de cabeza a seguirle. Sus pisadas, seguras y fuertes, van rompiendo el hielo. Me limito a seguir su huella, que traza con un conocimiento del terreno que s\u00f3lo los a\u00f1os pueden dar.<br \/>\nPedro alcanza un punto desde donde vuelve a verme. Probablemente, esperar\u00eda encontrarme asustado, estremecido y paralizado del miedo, pero nunca hubiera imaginado la estampa que halla. El viejo macho mont\u00e9s gui\u00e1ndome por el mejor paso para salir del peligro.<br \/>\n\u2013 Si me lo contaran no lo creer\u00eda, un macho mont\u00e9s abriendo huella a un perro \u2013 dice para sus adentros Pedro. Y embelesado por la escena, repite en voz queda \u2013 Estos son los dominios de un viejo macho mont\u00e9s y sus tierras el se\u00f1or\u00edo del Cartujo\u2026 \u2013.<br \/>\nDe nuevo en el campamento, el d\u00eda concluye. Al final, la jornada monta\u00f1era ha transcurrido bien. Todos en la cumbre del Pico Cartujo, y yo m\u00e1s feliz de lo normal, claro.<br \/>\nAhora disfruto del atardecer en Sierra Nevada. El cielo parece fuego. El sol se pone en el horizonte. La luz se torna m\u00e1gica. Pedro se encuentra a mi lado. Me acaricia el cuello. Estamos sobre una gran piedra negra, los dos como buscando el infinito. Y Pedro, en el hechizo del ocaso, pone voz a sus pensamientos.<br \/>\n\u2013 Moro, hoy he visto como el viejo macho mont\u00e9s te ayudaba a salir del aprieto, una imagen inolvidable. La primera vez que me encontr\u00e9 con esa cabra era verano, ven\u00eda solo, no por capricho sino por necesidad. Quer\u00eda reencontrarme con mi hermano monta\u00f1ero, con su esp\u00edritu. Hac\u00eda unos meses, cuando a\u00fan las nieves lo cubr\u00edan todo, que hab\u00eda dibujado sobre el fr\u00edo blanco un c\u00edrculo negro con sus cenizas, y volv\u00eda en su busca\u2026y descubr\u00ed en un recodo de la Sierra a este viejo macho mont\u00e9s. Y hoy te ha salvado. Yo perd\u00ed a mi hermano Jose antes de encontrarte en la calle. Y t\u00fa has perdido a tu hermana Yoga hace tan s\u00f3lo unos meses.<br \/>\nPedro me mira, busca la mancha blanca de mi ojo y se pierde a trav\u00e9s de ella en un mar agitado de recuerdos, y los dos navegamos en el velero de la memoria\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\n***<\/p>\n<p>Yoga nunca vio en m\u00ed a un posible pretendiente, yo, sin embargo, no pod\u00eda quedarme ajeno a sus encantos de Labradora, sobre todo cuando la Retriever pasaba el celo. El instinto mandaba, y mi \u00fanico objetivo en esos d\u00edas era aparearme con ella y perpetuar la especie. Pero Yoga nunca se dej\u00f3, y mira que lo intent\u00e9. Pedro y Marta, para poner tierra de por medio entre los dos, sub\u00edan a Yoga al dormitorio de la segunda planta. Llegu\u00e9 a encaramarme al tejado para asomar el hocico por la ventana en busca de mi amada canina. De no haber sido por la reja que nos separaba, otro gallo hubiera cantando.<br \/>\nDespu\u00e9s de tres celos, acept\u00e9 las calabazas de Yoga, y nuestra relaci\u00f3n de amor se bas\u00f3 en lo que Yoga quiso que fuera: la de unos aut\u00e9nticos hermanos. Y as\u00ed fue. Jug\u00e1bamos, ladr\u00e1bamos, corr\u00edamos, excav\u00e1bamos juntos, y hasta dorm\u00edamos cabeza con cabeza, o uno echado encima del otro, casi siempre Yoga sobre mi lomo.<br \/>\nJesusillo, el cachorro de Pedro y Marta, que a\u00fan estaba en su barriga el d\u00eda que aparec\u00ed en el jard\u00edn y cruzamos las miradas, ten\u00eda ya dos primaveras y media. Sus ojos azules inundaron de alegr\u00eda la casa. Quer\u00eda ser uno m\u00e1s en nuestros juegos. A veces, cargaba con un golpe de rabo, o un empuj\u00f3n a destiempo de Yoga o m\u00edo, por intentar meterse entre los dos. Un d\u00eda, Jesusillo jugaba con Yoga y la goma, el juguete preferido de mi hermana, \u2013 le encantaba que se la lanzaran y luego, una vez en su boca, que se la quitaran oponiendo ella cierta resistencia. Yo disfrutaba observando el juego, y en ocasiones me gustaba meterme en medio y robarle la goma a Yoga, que me persegu\u00eda enrabietada \u2013 Yoga tiraba de ella, que sosten\u00eda con aplomo Jesusillo, cuando la solt\u00f3 de repente y se fue cabizbaja en mi busca.<br \/>\n\u2013 Moro \u2013 me dijo con cara triste \u2013 desde hace unas semanas no me encuentro bien, me ha salido un bulto en el cielo de la boca que cada vez est\u00e1 m\u00e1s grande.<br \/>\nLas semanas y los meses siguientes fueron un suplicio, sobre todo para ella. Pedro y Marta, junto con Jorge, el veterinario de la familia, intentaron curar a Yoga por todos los medios.<br \/>\nYoga sal\u00eda con Pedro, y al cabo de las horas volv\u00eda aturdida y con mala cara. Me contaba que Jorge le hab\u00eda puesto no s\u00e9 qu\u00e9 l\u00edquidos, o que le hab\u00eda operado o que la hab\u00eda dado tal pastilla. Pero todo eran esfuerzos infructuosos. Al cabo de unas semanas, el bulto rebrotaba y Yoga volv\u00eda a tener problemas para comer y tragar. Los ataques de tos eran m\u00e1s frecuentes y virulentos.<br \/>\nHasta que un fr\u00edo d\u00eda de oto\u00f1o Yoga se fue y no volvi\u00f3 m\u00e1s.<br \/>\nA Jesusillo le contaron que se hab\u00eda ido a vivir a los pinos de las monta\u00f1as cercanas de casa.<br \/>\nA m\u00ed no tuvieron que contarme nada, Yoga me lo revel\u00f3 todo con sus ojos cuando se volvi\u00f3 en el rellano de la puerta la \u00faltima vez que sali\u00f3 por ella.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\n***<\/p>\n<p>Cre\u00eda que un coraz\u00f3n roto no pod\u00eda volver a romperse, hoy s\u00e9 que estaba equivocado.<br \/>\nUn escalofr\u00edo cruza todo mi cuerpo y me acerc\u00f3 m\u00e1s a Pedro, que, sentado junto a m\u00ed, continua pasando su mano por mi cuello. El cielo parece que vaya a salir ardiendo. Un fugaz rojo fuego ti\u00f1e la Sierra, que pierde intensidad para dar paso al naranja y, luego, al rosa difuminado. De improviso, entre esas luces tenues y m\u00e1gicas, un p\u00e1jaro se posa encima de una roca a lo lejos. Mi instinto cazador me obliga a salir en su busca, pero cuando me hallo a pocos metros, detengo el avance al escuchar la voz de Yoga que sale del p\u00e1jaro, un acentor alpino, \u2013 Moro, sigo viva en tus sue\u00f1os \u2013.<br \/>\nPedro, que observa con atenci\u00f3n el acontecimiento, percibe, al tiempo que Moro, las palabras del pajarillo pero con la voz de su hermano monta\u00f1ero \u2013 Pedro, sigo vivo en tus sue\u00f1os \u2013.<br \/>\nEl \u00faltimo rayo de luz abandona Sierra Nevada y el acentor levanta el vuelo.<br \/>\nUn instante prodigioso que el viejo macho mont\u00e9s, el guardi\u00e1n de los sue\u00f1os, presencia desde su atalaya en un risco del Cartujo.<\/p>\n<p>Dedicado a todos los perros que sienten pasi\u00f3n por las monta\u00f1as.<br \/>\nDedicado a ti, que te fuiste demasiado pronto.<br \/>\nDedicado a los que sue\u00f1an.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">******<\/p>\n<p>Nota del autor: El guardi\u00e1n de los sue\u00f1os est\u00e1 inspirado&nbsp; en gran medida en el cortometraje de monta\u00f1a del mismo nombre que se puede visionar en <a title=\"clic aqu\u00ed\" href=\"https:\/\/vimeo.com\/11049832\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">https:\/\/vimeo.com\/11049832<\/a><\/p>\n<p><strong>El guardi\u00e1n de los sue\u00f1os <\/strong>de <strong>Jes\u00fas Labajo Yuste<\/strong> fue relato finalista en la III Edici\u00f3n del Certamen Internacional de Literatura y Arte Monta\u00f1ero <strong>Cuentamontes , <\/strong>y est\u00e1 publicado, junto con el relato ganador y el resto de finalistas, en el <strong>Libro Cuentamontes 2010<\/strong>.&nbsp; M\u00e1s informaci\u00f3n en el siguiente enlace <a title=\"clic aqu\u00ed\" href=\"http:\/\/www.cuentamontes.com\/web\/libro-cuentamontes-2010\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">http:\/\/www.cuentamontes.com\/web\/libro-cuentamontes-2010<\/a><\/p>\n<p>Si quieres tener este relato en PDF clic aqu\u00ed <a title=\"descargar en PDF\" href=\"http:\/\/elarriero.es\/literatura\/wp-content\/uploads\/2015\/01\/El-guardi\u00e1n-de-los-sue\u00f1os.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">El guardi\u00e1n de los sue\u00f1os<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Llevaba vagando de un cubo de basura a otro m\u00e1s de tres lunas, intentando echarme a la boca un mal trozo de pan duro. Las primeras luces del d\u00eda asomaban en el horizonte, un sonido ronco de motor de coche me puso en alerta. 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