{"id":119,"date":"2015-03-10T12:50:09","date_gmt":"2015-03-10T11:50:09","guid":{"rendered":"http:\/\/elarriero.es\/literatura\/?p=119"},"modified":"2021-04-26T00:03:12","modified_gmt":"2021-04-25T23:03:12","slug":"corazon-blanco","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/elarriero.es\/literatura\/corazon-blanco\/","title":{"rendered":"Coraz\u00f3n Blanco"},"content":{"rendered":"<p>Historia en tres latidos<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El coraz\u00f3n humano es un m\u00fasculo que pesa unos 260 gramos y su tama\u00f1o es algo mayor de una mano cerrada. Est\u00e1 dividido en cuatro cavidades, dos aur\u00edculas y dos ventr\u00edculos. Su misi\u00f3n es bombear la sangre por todo el cuerpo. Para ello realiza dos movimientos, s\u00edstole y di\u00e1stole, lo que se conoce como latido. Un coraz\u00f3n sano realiza unos 80 latidos por minuto.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Esta es la historia de un coraz\u00f3n y el eco de sus latidos por la monta\u00f1a.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">LATIDO PRIMERO<\/p>\n<p>Con paso lento Arthur White recorre los escasos metros que lo separan de la gran piedra negra que se ha convertido en su atalaya desde aquel maldito d\u00eda de febrero. Justo antes de sentarse en ella, eleva la mirada hacia el viejo edificio del observatorio del Moj\u00f3n del Trigo, que se encuentra en un estado ruinoso. Arthur, al tiempo que con esfuerzo dobla el espinazo y sus rodillas para aposentarse en la piedra, no puede evitar la comparaci\u00f3n con el observatorio, y al igual que \u00e9l, se siente viejo y cansado, roto por la monta\u00f1a.<\/p>\n<p>Como cada ma\u00f1ana, extrae de su funda unos prism\u00e1ticos y otea el Valle del San Juan en busca de una se\u00f1al que lleva demasiado tiempo sin aparecer\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Es mediod\u00eda y las vistas desde el Pico del Veleta son sobrecogedoras. Tras las \u00faltimas nevadas, Sierra Nevada parece un merengue, y eso piensa John, que sentado junto a Pablo y Luis, se toma un respiro despu\u00e9s de la ascensi\u00f3n.<\/p>\n<p>&#8211; Un merengue, eso parece hoy la Sierra, un merengue gigante\u2026 &#8211; dice en voz alta John.<\/p>\n<p>&#8211; Calla, calla, no hables de comida, que a estas horas y despu\u00e9s del pateo me como a un t\u00edo cagan\u2026<\/p>\n<p>&#8211; No empieces con las marranadas, Pablo. Ya sabes que no me gustan. \u2013 salta Luis para impedir que su compa\u00f1ero concluya la frase.<\/p>\n<p>John y Pablo rompen en unas sonoras carcajadas que terminan por contagiar a Luis.<\/p>\n<p>&#8211; Bueno, venga, dej\u00e9monos de tonter\u00edas y vamos para abajo que se est\u00e1 haciendo tarde y ya sab\u00e9is como se pone la nieve con el sol y estas temperaturas&#8230; &#8211; afirma Luis al colocarse de nuevo la mochila a la espalda.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Arthur deposita los prism\u00e1ticos sobre la piedra y bebe un trago de agua de su cantimplora. El sol de mayo comienza a calentar y el d\u00eda se prev\u00e9 caluroso. El deshielo pide paso con fuerza. Del bolsillo de su pantal\u00f3n vaquero saca un recorte de peri\u00f3dico doblado en cuatro partes. Ha le\u00eddo la noticia todos los d\u00edas en esa misma piedra negra, al pie del viejo observatorio, desde que ocurri\u00f3 lo que no deber\u00eda haber ocurrido nunca. Recorre con su dedo \u00edndice cada letra impresa, las tiene grabadas a fuego en su coraz\u00f3n\u2026\u201dBuscan a un monta\u00f1ero sepultado por un alud el domingo en Sierra Nevada\u201d. Sus ojos pasan del papel al valle, a la nieve, que se resiste a irse. La imagen de su hijo John le sobreviene a la mente mientras pierde la mirada en el blanco infinito del San Juan, ya no le quedan l\u00e1grimas que derramar\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>&#8211; Creo que con tanta nieve nos hemos despistado en la bajada.<\/p>\n<p>&#8211; Tienes raz\u00f3n, John. Estamos entrando al Valle del San Juan y deber\u00edamos ir m\u00e1s arriba.<\/p>\n<p>&#8211; Por la loma de Cauchiles. Venga, Pablo, termina de ajustarte esa polaina y reiniciamos la marcha. No me gusta donde estamos. \u2013 dice John con prisa.<\/p>\n<p>&#8211; Espera que voy a beber algo de agua, estoy sediento.<\/p>\n<p>&#8211; De acuerdo, vamos a hacer una cosa. Mientras terminas, voy a dirigirme hacia all\u00ed \u2013 John se\u00f1ala una roca que aflora en la nieve \u2013 y vosotros me vais a seguir pero distanciados unos de otros, creo que as\u00ed no sobrecargaremos esta media ladera.<\/p>\n<p>Con paso firme John abre huella en la nieve, a cierta distancia el uno del otro lo siguen Luis y Pablo. John, nervioso, no para de mirar arriba y abajo en busca de una se\u00f1al de alerta. Tenemos que salir de aqu\u00ed cuantos antes, piensa al clavar el piolet, que se hunde en la nieve hasta la cruz. De repente, tres crujidos fuertes y secos transforman el rostro concentrado de John en una cara de p\u00e1nico. Ni a \u00e9l ni a sus dos compa\u00f1eros les da tiempo a reaccionar, y una masa gigante de nieve los desliza ladera abajo y los engulle con sus fauces blancas en un abrir y cerrar de ojos.<\/p>\n<p>Un silencio sepulcral recorre el Valle del San Juan.<\/p>\n<p>Luis ha quedado sepultado por la nieve, aunque la diosa Fortuna le ha sonre\u00eddo y su cabeza libre le permite ver el dantesco espect\u00e1culo. Calcula que se encuentra a unos doscientos metros m\u00e1s abajo de la huella que segu\u00edan. No hay rastro de sus compa\u00f1eros en ning\u00fan lugar del alud, al menos hasta donde puede observar. No siente las manos, pero intenta sacarlas de la nieve para poder salir de all\u00ed. En un par de minutos est\u00e1 fuera. Aturdido y desconcertado por la situaci\u00f3n, corre como pose\u00eddo por encima de los restos del alud en busca de Pablo y John. Con la respiraci\u00f3n acelerada busca el tel\u00e9fono m\u00f3vil en la chaqueta. Sigue en el mismo bolsillo, esto le tranquiliza de alg\u00fan modo y con las manos ateridas llama al 112 para iniciar el rescate.<\/p>\n<p>&#8211; C\u00e1lmese, por favor. \u2013 dice la operadora del centro de emergencias.<\/p>\n<p>&#8211; Dos, le digo que son dos las personas que est\u00e1n sepultadas bajo la nieve. Env\u00ede cuanto antes el helic\u00f3ptero del SEREIM para rescatarlos. Repito, dos son dos\u2026<\/p>\n<p>&#8211; Luis, se llama Luis, \u00bfverdad?<\/p>\n<p>&#8211; S\u00ed, Luis, Luis. \u2013 contesta con tono apresurado.<\/p>\n<p>&#8211; Luis, d\u00edgame donde se encuentra.<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1En Sierra Nevada, por Dios! En el Barranco de San Juan, cerca de la Estaci\u00f3n de Esqu\u00ed.<\/p>\n<p>&#8211; De acuerdo, Luis. Mantenga el m\u00f3vil operativo y no pierda la calma. Iniciamos el protocolo de rescate.<\/p>\n<p>Con la mano temblorosa Luis guarda el tel\u00e9fono en su chaqueta. Al levantar los ojos de la cremallera del bolsillo, ve como un brazo sale de entre la nieve y corre a su encuentro. Reconoce el guante que Pablo lleva en la mano.<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Pablo, Pablo! \u2013 exclama Luis con alegr\u00eda \u2013 \u00a1Aguanta, aguanta!<\/p>\n<p>Luis escarba como si le fuera la vida en ello. En un instante los dos amigos se abrazan entre sollozos.<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Est\u00e1s vivo, est\u00e1s vivo! \u2013 se dicen el uno al otro.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfY John, d\u00f3nde est\u00e1 John? \u2013 pregunta Pablo lleno de nieve por todas partes.<\/p>\n<p>&#8211; No lo s\u00e9, Pablo. Acabo de llamar al 112 y el helic\u00f3ptero viene de camino.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>Atardece en Sierra Nevada. Arthur se apoya en el piolet de su hijo John para levantarse. El piolet es lo \u00fanico que se encontr\u00f3 en los primeros d\u00edas de b\u00fasqueda y no se separa de \u00e9l. Para Arthur es una manera de seguir conectado con su hijo, ya han pasado casi tres meses desde el alud y no hay rastro del cuerpo inerte de John. De pie, apoyado en piolet a modo de bast\u00f3n y con la mirada perdida en el fuego del ocaso, Arthur rememora aquellos primeros momentos de la b\u00fasqueda de su hijo\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p>John no sabe muy bien donde se encuentra. Tiene fr\u00edo y la oscuridad y el silencio lo envuelve todo. \u00bfD\u00f3nde estoy? \u00bfQu\u00e9 ha ocurrido?, se pregunta mientras toca una superficie fr\u00eda y h\u00fameda. Debo de estar so\u00f1ando, todo es muy extra\u00f1o, se dice en su interior John.<\/p>\n<p>Instintivamente, rebusca en un bolsillo el peque\u00f1o frontal que Marta le hab\u00eda regalado hac\u00eda unos meses en su cuarenta y dos cumplea\u00f1os. No hab\u00eda olvidado las palabras de su mujer \u201cCada vez que enciendas esta linterna y la luz ilumine tu camino, te acordar\u00e1s de mi cuando est\u00e9s en la monta\u00f1a\u201d. John enciende el frontal y la luz ilumina una especie de cueva de nieve. Aterrado, lo entiende todo. Est\u00e1 sepultado bajo la nieve\u2026<\/p>\n<p>Luis y Pablo hacen se\u00f1ales al helic\u00f3ptero del SEREIM, que aparece remontando el Barranco de San Juan y aterriza a veinte metros de ellos. Con el motor en marcha se bajan cuatro agentes de la Guardia Civil de Monta\u00f1a pertrechados con todo el material necesario para iniciar el rescate.<\/p>\n<p>&#8211; Hola, me llamo Pedro \u2013 dice uno de los agentes. &#8211; \u00bfCu\u00e1ntas personas est\u00e1n desaparecidas?<\/p>\n<p>&#8211; Solo una. Nuestro compa\u00f1ero John. \u2013 contesta Pablo.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfVosotros hab\u00e9is sufrido alg\u00fan da\u00f1o? \u2013 pregunta el agente.<\/p>\n<p>&#8211; No, gracias a Dios estamos bien. \u2013 dice Luis.<\/p>\n<p>&#8211; De acuerdo, de todas maneras os vamos a subir al helic\u00f3ptero para que os lleve al hospital y os realicen una exploraci\u00f3n por si\u2026<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1No, no! Nos queremos quedar aqu\u00ed, por favor. \u2013 Interrumpe Luis con gesto preocupado. \u2013 Estamos bien, queremos ayudar, es nuestro amigo.<\/p>\n<p>Pedro lanza una mirada al resto de sus compa\u00f1eros que asienten con la cabeza.<\/p>\n<p>&#8211; Muy bien. Os vamos a dar una sonda a cada uno y sin separaros vais a hacer exactamente lo mismo que hagamos nosotros. Repito, sin separaros, porque existe riesgo alto de que se produzca otro alud.<\/p>\n<p>Pedro hace una se\u00f1al al piloto del helic\u00f3ptero que despega en busca de m\u00e1s Guardias Civiles para ayudar en las tareas de b\u00fasqueda de John.<\/p>\n<p>&#8211; SEREIM a Borreguiles, SEREIM a Borreguiles, me copias, me copias. \u2013 dice Pedro a trav\u00e9s de su Walkie Talkie.<\/p>\n<p>&#8211; Borreguiles a SEREIM, te copio. \u00bfQu\u00e9 ocurre?<\/p>\n<p>&#8211; Hola, soy Pedro. Tenemos una emergencia. Avalancha en el Barranco de San Juan. Un monta\u00f1ero sepultado hace cuarenta minutos. Necesitamos m\u00e1quinas quitanieves para acelerar la b\u00fasqueda. El tiempo corre en nuestra contra.<\/p>\n<p>&#8211; Recibido, nos ponemos en marcha.<\/p>\n<p>Siete metros m\u00e1s abajo John cada vez siente m\u00e1s fr\u00edo. Es consciente de la situaci\u00f3n y conoce el tiempo que le resta de aire dentro de la cueva de nieve. Ha le\u00eddo los suficientes manuales de monta\u00f1a para saber de qu\u00e9 va el asunto. Se toca el pie derecho y no siente nada. La bota que lo proteg\u00eda debe haberse salido durante la avalancha, piensa John. Efectivamente, al encender la linterna y dirigir la luz al pie corrobora sus suposiciones, se est\u00e1 congelando. Si el equipo de rescate \u2013 John no pierde la esperanza de que alguno de sus compa\u00f1eros se haya salvado y haya dado el aviso \u2013 no lo encuentra en breve, todo estar\u00e1 acabado.<\/p>\n<p>Una hora despu\u00e9s, diecinueve agentes de Rescate en Monta\u00f1a de la Guardia Civil; los dos compa\u00f1eros de John, Pablo y Luis; 2 m\u00e1quinas quitanieves de la Estaci\u00f3n de Esqu\u00ed y personal de la misma, as\u00ed como profesores de las distintas escuelas de Esqu\u00ed, buscan con ah\u00ednco a John sobre la nieve del alud.<\/p>\n<p>En el silencio y la oscuridad de la cueva parece que el tiempo se hubiera detenido y John solo escucha los latidos de su coraz\u00f3n, es lo \u00fanico que retumba en lo m\u00e1s profundo de su ser. Enciende y apaga la linterna al comp\u00e1s de cada latido, lleva m\u00e1s de una hora repiti\u00e9ndolo como si se tratara de un ritual sagrado. Cuando hay luz la imagen de Marta lo reconforta. Cuando todo es oscuridad un miedo fr\u00edo se apodera de \u00e9l.<\/p>\n<p>Tum-tum \u2013 Luz.<\/p>\n<p>Tum, tum \u2013 oscuridad.<\/p>\n<p>Tum-tum \u2013 Marta.<\/p>\n<p>Tum-tum \u2013 miedo fr\u00edo.<\/p>\n<p>Tum-tum, tum-tum, tum-tum\u2026<\/p>\n<p>John siente como su coraz\u00f3n late cada vez con menos fuerza, nota como se apaga y torna a blanco, y presiona el interruptor de la linterna. Es hora de dejar la luz brillando para siempre, dice con vez queda en un \u00faltimo suspiro.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">LATIDO SEGUNDO<\/p>\n<p>Desde la desaparici\u00f3n de su hijo, Arthur se aloja en una habitaci\u00f3n del Albergue Universitario situado en la Hoya de la Mora, muy cerca del Barranco de San Juan y del Moj\u00f3n del Trigo, su observatorio particular. Dirige su mirada al tabl\u00f3n de corcho colgado en la pared repleto de recortes de peri\u00f3dico, y comienza el ritual de lectura: \u201cBuscan a un monta\u00f1ero sepultado por un alud el domingo en Sierra Nevada\u201d, \u201cUn senderista ingl\u00e9s desaparece bajo un alud en Sierra Nevada\u201d, \u201cLa Guardia Civil no se plantea por el momento abandonar la b\u00fasqueda y ampliar\u00e1 hoy el per\u00edmetro de rastreo\u201d, \u201cLas m\u00e1quinas barren toneladas de nieve para hallar a John\u201d, \u201cLa b\u00fasqueda del monta\u00f1ero desaparecido se centra en repasar la zona ya batida\u201d. Arthur relee en los recortes \u201c19 agentes de Rescate en Monta\u00f1a de la Guardia Civil, cuatro perros especializados, 2 m\u00e1quinas pisapistas y 133 militares rastrean casi un kil\u00f3metro cuadrado donde la nieve alcanza hasta 10 metros de espesor\u201d. Se sabe de memoria las declaraciones de un mando de la Guardia Civil: \u201cEs uno de los aludes m\u00e1s importantes que se recuerdan en Sierra Nevada. Una lengua de m\u00e1s de 700 metros de largo y 400 de ancho, provocando una zona de intervenci\u00f3n de un kil\u00f3metro cuadrado. Todo se complica porque las lenguas de nieve tomaron muchas direcciones. John pudo acabar en cualquier zona\u201d. Arthur se detiene, siempre lo hace ah\u00ed, conoce las siguientes palabras y no las quiere volver a leer \u201cLa intenci\u00f3n es continuar hasta que aparezca el cuerpo, sobre el que no hay posibilidad de encontrarlo con vida\u201d. El coraz\u00f3n de Arthur White deja de latir por un instante y se hace a\u00f1icos otra vez.<\/p>\n<p>El sonido del tel\u00e9fono de la habitaci\u00f3n rescata a Arthur de su dolor, que ten\u00eda la mirada perdida en los recortes de peri\u00f3dico.<\/p>\n<p>&#8211; Hola Arthur.<\/p>\n<p>&#8211; Hola Marta.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfC\u00f3mo va todo?<\/p>\n<p>&#8211; Otro d\u00eda m\u00e1s sin saber nada de John.<\/p>\n<p>&#8211; Arthur, todos valoramos lo que est\u00e1s haciendo, pero han pasado casi tres meses. Deber\u00eda volver al pueblo \u2013 dice Marta con cari\u00f1o.<\/p>\n<p>&#8211; No puedo, Marta, no puedo \u2013 contesta Arthur asomado a la ventana con vistas a las cumbres nevadas.<\/p>\n<p>&#8211; Arthur, las tareas de b\u00fasqueda se han reducido mucho. Y ya sabes lo que dice la Guardia Civil que\u2026<\/p>\n<p>&#8211; Ya, ya lo s\u00e9 \u2013 interrumpe Arthur con tristeza \u2013 que hay que esperar al deshielo para que aparezca el cuerpo.<\/p>\n<p>&#8211; S\u00ed, Arthur, y que puede aparecer a principios o al final del verano, porque se ha acumulado una cantidad inusual de nieve en estos tres meses. Tu mujer y tus hijos te necesitan, te echan de menos. Y ya sabes que yo tambi\u00e9n \u2013 dice Marta a trav\u00e9s del tel\u00e9fono.<\/p>\n<p>&#8211; No os preocup\u00e9is por m\u00ed, estoy bien. Adem\u00e1s, sabes que cuento con Luis, que participa en las labores de b\u00fasqueda desde el primer d\u00eda.<\/p>\n<p>&#8211; Bueno, Arthur, ya veo de quien hered\u00f3 John la testarudez. Cu\u00eddate. Un beso. Ma\u00f1ana hablamos de nuevo.<\/p>\n<p>&#8211; Adi\u00f3s, Marta.<\/p>\n<p>Con las primeras luces del alba Arthur y Luis se dirigen un d\u00eda m\u00e1s hacia el Moj\u00f3n del Trigo. All\u00ed Luis se coloca los crampones en sus botas de monta\u00f1a y comienza el descenso al Barranco de San Juan. En las \u00faltimas semanas Luis se ha acostumbrado a iniciar la b\u00fasqueda una hora antes de que lleguen los agentes del SEREIM, as\u00ed se siente m\u00e1s cerca de su amigo John.<\/p>\n<p>&#8211; \u00a1Suerte, Luis, mucha suerte! \u2013 grita Arthur levantando el piolet de su hijo.<\/p>\n<p>Luis, que ya se ha alejado lo suficiente como para no poder escucharlo, le devuelve el saludo de igual modo y levanta el piolet al aire.<\/p>\n<p>Arthur observa con los prism\u00e1ticos las evoluciones de Luis por la zona donde se produjo la avalancha el 20 de febrero. Hoy es 18 de mayo, el cielo se encuentra despejado, no corre viento y parece que el sol va a volver a apretar como ayer. A trav\u00e9s de los dos c\u00edrculos de sus binoculares, Arthur mira como Luis, incansable, recorre una y otra vez la nieve en busca de un indicio, de una se\u00f1al que le conduzca al cuerpo de John.<\/p>\n<p>A Luis le parece distinguir algo de color verde a unos cien metros de donde se encuentra. Sin demasiada esperanza &#8211; no es la primera vez que cree haber visto algo y cuando ha llegado al lugar no era nada- se acerca hasta el punto en cuesti\u00f3n. Su coraz\u00f3n palpita cada vez con m\u00e1s fuerza, a cada paso que da los latidos son m\u00e1s intensos. Se encuentra a un metro escaso, y la bota de John aflora por encima de la nieve. Lo ha encontrado, por fin, tres meses despu\u00e9s ha encontrado a su compa\u00f1ero.<\/p>\n<p>En el Moj\u00f3n del Trigo suena un Walkie-Talkie.<\/p>\n<p>&#8211; Arthur, es la bota de John, es su bota. Por fin lo hemos encontrado \u2013 dice Luis con emoci\u00f3n contenida.<\/p>\n<p>&#8211; Gracias a Dios, Luis. Ya podemos descansar, \u00e9l y nosotros \u2013 responde Arthur al tiempo que se santigua y dirige la mirada al cielo azul de Sierra Nevada.<\/p>\n<p>Media hora despu\u00e9s, a las nueve de la ma\u00f1ana, cuatro agentes de la Guardia Civil de Monta\u00f1a llegan hasta donde se encuentra Luis, sentado junto a la bota de John. Uno de los agentes escarba con cuidado alrededor de la bota y comprueba que se encuentra puesta en el pie de John, lo que significa que el cuerpo est\u00e1 all\u00ed tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfC\u00f3mo est\u00e1s, Luis?<\/p>\n<p>&#8211; Bien, Pedro \u2013 contesta. Y se abraza al Guardia Civil.<\/p>\n<p>Son las diez de la ma\u00f1ana en Zafarraya, un tel\u00e9fono suena. Marta lee en la pantalla de su m\u00f3vil \u201cllamada entrante \u2013 Arthur\u201d. Su coraz\u00f3n le da un vuelco. Un p\u00e1lpito se apodera de ella. Sabe lo que puede significar una llamada de Arthur a esas horas.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfArthur? \u2013 dice con miedo y curiosidad al mismo tiempo.<\/p>\n<p>&#8211; Marta \u2013 Arthur se queda callado por un instante \u2013 hemos encontrado a John. Luis lo ha encontrado.<\/p>\n<p>Marta, que hab\u00eda so\u00f1ado con este momento, no sabe que contestar y rompe a llorar. Su llanto desconsolado llega hasta el Moj\u00f3n del Trigo y Arthur, sin decir nada, deja que Marta se desahogue del dolor acumulado.<\/p>\n<p>&#8211; Marta, tengo que contarte algo misterioso.<\/p>\n<p>Marta intenta calmarse y se enjuga las l\u00e1grimas con la mano.<\/p>\n<p>&#8211; Dime, Arthur.<\/p>\n<p>&#8211; Los Guardias Civiles de Monta\u00f1a han encontrado a John con una linterna frontal en la mano.<\/p>\n<p>&#8211; S\u00ed, fue un regalo que le hice en su cuarenta y dos cumplea\u00f1os.<\/p>\n<p>&#8211; Pero es que la luz estaba encendida y brillaba con fuerza despu\u00e9s de tres meses enterrada en la nieve junto a John. Y los Guardias Civiles no le encuentran explicaci\u00f3n, dicen que las pilas se deber\u00edan haber agotado en las primeras veinticuatro horas.<\/p>\n<p>De repente Marta se siente tranquila. Y recuerda las palabras que le dijo a John cuando desenvolvi\u00f3 su regalo \u201cCada vez que enciendas esta linterna y la luz ilumine tu camino, te acordar\u00e1s de mi cuando est\u00e9s en la monta\u00f1a\u201d.<\/p>\n<p>Marta sabe ahora que John muri\u00f3 en paz. Estuvo junto a \u00e9l en aquella cueva de nieve justo antes de que el coraz\u00f3n de John se hiciera blanco. Ella lo acompa\u00f1\u00f3 en su \u00faltimo latido iluminado por una luz brillante.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">LATIDO TERCERO<\/p>\n<p>El 20 de febrero de 2011, John Hogbin T., de ascendencia brit\u00e1nica, monta\u00f1ero, mec\u00e1nico de profesi\u00f3n y residente en Zafarraya (Granada) desde la infancia, fue sepultado por un alud en el Barranco de San Juan junto a dos compa\u00f1eros que milagrosamente salvaron la vida.<\/p>\n<p>Aunque el dispositivo de rescate y b\u00fasqueda fue ingente, y en el mismo participaron el helic\u00f3ptero y los Guardias Civiles del SEREIM; los dos compa\u00f1eros de John; m\u00e1quinas pisa pistas de CETURSA y operarios de la Estaci\u00f3n de Esqu\u00ed \u201cSol y Nieve\u201d; profesores de las distintas escuelas de esqu\u00ed de la estaci\u00f3n; cuerpos especiales militares; el helic\u00f3ptero del GREA y componentes de este grupo y numerosos voluntarios, no fue hasta el 18 de mayo de 2011 cuando uno de los compa\u00f1eros de John dio con su cuerpo tres meses despu\u00e9s.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">***<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Esta es la historia de un coraz\u00f3n blanco.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">En memoria de este y de todos los corazones blancos que se quedaron en la monta\u00f1a para la eternidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Todav\u00eda es posible escuchar el eco de sus latidos por los valles y las cumbres\u2026<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\u00a0******<\/p>\n<p><strong>Coraz\u00f3n Blanco<\/strong> de <strong>Jes\u00fas Labajo Yuste<\/strong> ha sido relato ganador en la <strong>VII Edici\u00f3n del concurso internacional de cuentos y relatos de monta\u00f1a Cuentamontes<\/strong>, y est\u00e1 publicado, junto con los relatos finalistas, en el <strong>Libro Cuentamontes 2014<\/strong>.\u00a0 M\u00e1s informaci\u00f3n en el siguiente enlace <a title=\"clic aqu\u00ed\" href=\"http:\/\/www.cuentamontes.com\/web\/category\/libros\/libros-cuentamontes\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">http:\/\/www.cuentamontes.com<\/a><\/p>\n<p>Si quieres tener este relato en PDF clic aqu\u00ed <a title=\"descargar en PDF\" href=\"http:\/\/elarriero.es\/literatura\/wp-content\/uploads\/2015\/03\/Coraz\u00f3n-blanco.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Coraz\u00f3n blanco<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Historia en tres latidos &nbsp; El coraz\u00f3n humano es un m\u00fasculo que pesa unos 260 gramos y su tama\u00f1o es algo mayor de una mano cerrada. 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